domingo, 5 de enero de 2014

CAPÍTULO III: POSIBILIDAD DE LA REVELACIÓN DE DIOS AL HOMBRE

A. ¿ES POSIBLE LA REVELACIÓN? 
Este es el problema. ¿Puede Dios salir de su trascendencia e inaccesibilidad, lo que los filósofos llaman “el todo otro”, “el absolutamente otro” o “el siempre mayor” y ponerse en contacto con el hombre? ¿Puede entrar Dios en contacto conmigo? ¿Soy yo capaz de recibir su mensaje y, eventualmente, participar de su vida? Este problema no tiene sentido para un ateo, que no cree en Dios, ni para un agnóstico, que se cierra en afirmar que “eso no se puede saber”; ni para un panteísta para el que “todo es Dios”. Pero todo el que admite un Dios personal, inteligente y libre, sí tiene sentido la pregunta; y la respuesta no puede admitir dudas en el sentido de la afirmación. 
Que Dios puede intervenir en nuestra existencia, de una manera que rebasa las exigencias de nuestra naturaleza y que será sobrenatural, parece evidente: ¿Cómo nos atreveríamos a limitar la potencia de Aquel que ha fijado las leyes del universo y regulado, por ejemplo, el maravilloso mecanismo del cuerpo humano? 
¿Cómo negarle el poder de comunicarnos ciertas verdades que no están a nuestro alcance, de manera que nos las haga accesibles? En torno nuestro, todos los seres materiales influyen unos sobre otros: Los sonidos de un violín que un artista hace vibrar en Europa o el ruido de una avalancha en los Alpes tienen su repercusión en mi cuarto; basta amplificar sus ondas para que, mediante un receptor adecuado, yo perciba las vibraciones. ¿Por qué el Ser Supremo no iba a poder “amplificar” suficientemente su voz para que nosotros podamos oírla? ¿Cómo negar a Dios el poder de atraernos más cerca de sí? 
Un ser material puede darnos su forma o sus cualidades. El radiador nos comunica su calor sin reducirse ni destruirnos. ¿Por qué no ha de poder Dios hacernos aptos, “educarnos” hasta el punto de hacernos participar en su vida, comunicarnos una vida nueva, sobrenatural con relación a nosotros, una vida por encima de las exigencias de nuestra naturaleza, una vida que no destruirá nuestra vida, sino que la embellecerá y la hará más fecunda? 
Si Él ha creado el mundo y al hombre ¿quién le puede negar el poder de intervenir en el mundo y de dirigirse al hombre? Él, que ha dado al hombre la capacidad de comunicarse, ¿cómo no la va a tener él? 
Para ello Dios dispone de muchos modos. La Biblia presenta toda una serie de medios usados por Dios para revelarse: ha hecho uso de la palabra con Abraham (Génesis 12,1), de los sueños con José (Mateo 2,13), de la escritura en el banquete de Baltasar, de la burra de Balaam (Números 28,22), un ángel en la Encarnación (Lucas 1,26). En la carta a los Hebreos se afirma: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios…” (Hebreos 1,1). 
¿Cómo podríamos negar nosotros, a priori, que seamos capaces con la ayuda de Dios, de recibir su mensaje e incluso su vida, cuando todo lo que poseemos nos viene de Él sin ningún derecho por nuestra parte? ¿No puede darnos lo necesario –antenas adecuadas- para que podamos captar su mensaje? ¿No puede dilatar nuestro ser hasta el punto de hacerle capaz de participar en su propia vida? Grandes genios, incluso paganos, han creído en la posibilidad de tal intervención divina en nuestra existencia. 
Entonces, una vez planteada, de una y otra parte, la posibilidad de un contacto, surge en el espíritu de todo hombre que reflexione una cuestión, la más terrible que pueda darse: ¿Ha hablado Dios a la humanidad o no? 
Hay que elegir: O bien Dios, después de haber dictado sus leyes del mundo, ha guardado absoluto silencio sobre sus proyectos, evitando todo contacto con los seres que ha creado; o bien Dios ha entrado en relación con la humanidad. 
Lo que sospechó la antigüedad pagana, lo afirman todas las religiones que se llaman reveladas: Dios ha hablado. La inmensa mayoría de los hombres creen en una intervención especial de Dios en la vida de la humanidad. 
Pero, si ha hablado: ¿Qué ha dicho? ¿Qué ha ordenado? ¿A qué nos ha invitado? Cuestiones capitales que un hombre sensato no puede pasar por alto. 
“Yo quisiera decir a mis compatriotas: leed el Evangelio… Tomad todas las páginas de la historia de la Iglesia, incluso esas pocas páginas manchadas por la debilidad o la malicia de ciertos hombres… Separad aparte las cosas, la parte del hombre y la parte de Dios y os encontraréis con un hecho social absolutamente superior y único. Quizá entonces os plantaréis la pregunta: ¿Se ha revelado el Creador? (Lou). 

B. DIOS SE REVELA CON HECHOS Y PALABRAS 
La Dei Verbum del Vaticano II nos pondera la intimidad de esta comunicación de Dios con el hombre: “En esta revelación, Dios invisible, movido de amor habla a los hombres como amigo y trata con ellos para invitarles y recibirles en su compañía.” (DV 2) 
El mismo Concilio nos sigue expresando con que medios se nos comunica el Señor “El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación, manifiestan y confirman la doctrina y las realidades de las palabras significan a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio” (DV 2) 
Observemos este doble modo de comunicarse Dios en la Biblia, por obras y palabras. En el Antiguo Testamento: Dios habla al hombre por medio de Abraham, Moisés, los profetas… al mismo tiempo Dios revela su presencia al pueblo con hechos extraordinarios: las plagas de Egipto, los milagros en el desierto. Lo mismo ocurre en el Nuevo Testamento: Dios nos habla por medio de Jesucristo, que nos dice lo que ha visto junto al Padre. Al mismo tiempo los milagros que realiza son señales de la presencia de Dios en él. 

C. ¿EN QUÉ SENTIDO DIOS HABLA AL HOMBRE? 
Cuando decimos que en la Revelación Dios habla al hombre, usamos naturalmente un lenguaje metafórico. Dios es espíritu y, por tanto, no tiene boca que le permita articular sonidos. Decimos que Dios habla al hombre, en cuanto que obra en él haciéndole comprender lo que quiere decir. 
Esta acción puede ser puramente interna, en el hombre mismo; o puede consistir en un fenómeno realmente externo al hombre visible o audible por los sentidos exteriores. En ambos casos está la iluminación interna de Dios, para que advierta en aquella voz su divina presencia. Claramente se trata de este segundo caso, cuando habló a Moisés y al pueblo en Éxodo 20,19 y a Samuel de niño (1 Samuel 3,4). 

D. LOS CRITERIOS DE REVELACIÓN 
La posibilidad de la Revelación Sobrenatural por parte de Dios, no es suficiente. El hombre tiene que estar seguro de que le habla Dios, ya que de otro modo no se daría una propia revelación, al ignorar el hombre la identidad de su interlocutor. 
Es verdad que a la Revelación de Dios, el hombre tiene que dar la respuesta de la fe, por el sólo hecho de que se trata de Él, de su Palabra infalible. Pero, esto le tiene que constar al hombre de algún modo. 
De aquí surge la necesidad de los llamados criterios de revelación o motivos de credibilidad o signos de la Revelación. Dios al revelarse al hombre tiene que actuar como Dios. Para esto tiene que usar señales que acrediten su presencia, que no pueden tener otra explicación más que la presencia de Dios. Por ejemplo, la zarza que arde y no se consume (Éxodo 3,2). En esas señales tiene que estar la impronta de Dios, su sello infalsificable. Entre estos criterios de revelación destacan el milagro y la profecía, por estar al alcance de todas las inteligencias. Los criterios de discernimiento espiritual, son más difíciles de captar para la mayoría. Por eso, vamos a hablar sobre todo del milagro y la profecía. 

a) EL MILAGRO 
Milagro no es lo mismo que “portento” o “maravilla” o “cosa extraordinaria”, dado que pueden acontecer fenómenos que merezcan esos calificativos y que, sin embargo, no sean “milagros”. 

1. DEFINICIÓN
  • Hecho sensible, con suspensión del curso ordinario de las leyes de la naturaleza, obrado por Dios con un fin religioso o moral.
  • Hecho sensible: Lo “sensible” puede ser físico o moral. Milagro físico es, por ejemplo, la conversión del agua en vino. Existen también verdaderos milagros morales, tales como una conversión repentina. Es el caso, por ejemplo, de la conversión de san Pablo. 
  • Que se suspendan las leyes de la naturaleza: Es decir, que ese hecho sensible acontezca sin que se siga el curso normal de las leyes de la naturaleza. El milagro no anula las leyes físicas, sino que “suspende” su cumplimiento. Lo normal es la ley de la gravedad, pues bien, sería un milagro que en un momento concreto esa ley no se cumpliese. 
  • Causado por Dios: Lo que constituye un milagro es la intervención especial de Dios. La medicina puede lograr la curación de un cáncer; se daría un milagro si se produce de modo instantáneo porque Dios así lo determina. Cuando se realiza un milagro por medio de una persona o por un poder sobrenatural, en último término, se debe a la intervención de Dios. Tales son los milagros, debidos a la acción de un santo, o los que tienen lugar, por ejemplo, en un santuario o por medio de reliquias. 
  • El milagro, signo religioso: Para hablar de milagro se requiere que ese hecho extraordinario tenga una “significación religiosa”. En efecto, el milagro es una intervención extraordinaria de Dios en la vida del hombre como signo de salvación. Mediante el milagro, Dios manifiesta su ayuda y amor al hombre. Y muchas veces, el milagro es una respuesta de Dios a una oración llena de fe. 
2. LO MARAVILLOSO Y LO MILAGROSO
Es evidente que no conocemos todas las leyes que rigen la materia y la vida: la psicología y la parapsicología ofrecen resultados en ocasiones asombrosas. Hay fuerzas ocultas en lo profundo del ser humano que pueden dar lugar a hechos sorprendentes que, en ocasiones, superan una explicación racional; sin embargo, no son verdaderos milagros. 
Estos factores desconocidos hacen que la Iglesia sea muy prudente al calificar como “milagroso” un hecho en apariencia extraordinario. Pero no hay duda de que se dan ciertas acciones que ni tienen ni pueden tener una explicación racional. Por ejemplo: ¿Existe una ley desconocida que pueda convertir espontáneamente el agua en vino?, ¿Una persona con lepra, con grave deterioro de tejidos, puede ser curada de modo instantáneo? ¿Es posible volver a la vida a un muerto sólo al imperio de la voz que lo ordena? Cuando estas o similares acciones ocurren después de invocar a Dios, es evidente que nos encontramos ante una acción de Dios, o sea, ante un milagro. 
En consecuencia, son milagros ciertos hechos que narra la Biblia, o que acontecen en la vida actual, y que la Iglesia reconoce como claras intervenciones de Dios, después de una minuciosa investigación. Los milagros, en sentido teológico, son hechos extraordinarios en los que, sin lugar a dudas, se manifiesta el poder de Dios y su amor a los hombres. 

3. CLASES DE MILAGRO
  • Físico: Si el hecho supera la capacidad de las fuerzas de la naturaleza física. 
  • Ejemplo: Multiplicación de los panes y los peces, curación de leprosos. 
  • Intelectual: Si el hecho superar la inteligencia humana. 
  • Ejemplo: Conocimiento de un futuro libre. 
  • Moral: Si el hecho supera las leyes morales. 
  • Ejemplo: Conversión instantánea y radical. La constancia de los mártires. 
  • Absoluto: El que supera las fuerzas de toda naturaleza, aún angélica. 
  • Ejemplo: La resurrección un muerto. 
  • Relativo: Lo que supera la naturaleza físico-material, pero que podría ser producido por un ángel o por un demonio. 
  • Ejemplo: La curación de una enfermedad. 
4. POSIBILIDAD DEL MILAGRO
Preguntar si los milagros, que son excepciones de las leyes naturales son posibles, es lo mismo que preguntar si Dios tiene poder y motivos suficientes para modificar este curso natural de las cosas. 
Para los que niegan la existencia de un Dios personal, capaz de intervenir en el mundo, esto es imposible. Pero, si Dios existe y las leyes naturales provienen de su Sabiduría y Omnipotencia, ¿quién le podrá negar el poder hacer que no actúen en un determinado momento o hacer que actúen de otro modo? ¿Quién ha puesto en la medicina el poder de curar, no podrá curar sin medicina? 

5. MOTIVOS PARA EL MILAGRO
En cuanto a los motivos para obrar un milagro es obvio que se pueden dar para manifestar claramente al hombre su presencia y que Él es que se revela. 
Dios, ser sapientísimo, no puede hacer nada sin una razón, sin un motivo suficiente, sin un fin. Para el milagro Dios puede tener esos motivos, razones o fines. A veces será para ayudar a un incrédulo a encontrar su fe, a un pecador a convertirse, o para consolar a una madre que llora por la muerte de su hijo. 
En el caso de la Revelación, el milagro es moralmente necesario. Ningún hombre, ni ninguna doctrina puede ser captada como proveniente de Dios, si no tiene el sello incontrastable de la divinidad. 

b) LAS PROFECÍAS 
El milagro no es el único criterio que garantiza la Revelación. También, ha sido muy utilizada en el Nuevo Testamento la profecía como garantía de la Divina Revelación, o mejor dicho, el cumplimiento de esas profecías. 

1. DEFINICIÓN 
Aunque propiamente se puede llamar también un milagro intelectual, profecía es el conocimiento y la predicción cierta y determinada de un acontecimiento futuro libre. 

2. ¿QUÉ NO ES LA PROFECÍA? 
No se trata de una conjetura o una probabilidad, sino algo del todo cierto. Tampoco de una predicción vaga e imprecisa, sino de algo bien concreto y determinado. Los famosos oráculos de Delfos, eran imprecisos y fáciles de adaptar a cualquier acontecimiento, de igual forma sucede con las profecías de Nostradamus. 
No sólo tienen que tratarse de algo futuro simplemente sino de algo en lo que entra en juego la libertad humana y, por tanto, no está ya determinado en sí mismo el que vaya a existir en el futuro. Sería profecía, predecir detalles muy concretos de un hombre que nacerá dentro de un siglo por ejemplo. 
Pero, ¿es posible que esta profecía aunque no está determinada en sí misma sea una verdad, será una realidad? Dios que conoce toda verdad, por su infinita sabiduría, tiene que conocerlo también y, si lo conoce, lo puede manifestar. 

3. MOTIVOS PARA LAS PROFECÍAS
Para garantizar las profecías Dios tienen motivos suficientes, como el de avalar a un enviado suyo. Suponiendo que Dios va enviar a su Hijo al mundo, sería conveniente preparar a los hombres para que acojan a este Hijo, como tal, prediciendo siglos antes de su nacimiento, los principales hechos de su vida, de modo que la verificación del cumplimiento de esas profecías son como la impronta de Dios que garantiza a ese Hijo. 
No tiene dificultad el conocimiento de la profecía en cuanto a hechos que supera las leyes de la naturaleza. Se sabe que el hombre no puede conocer los futuros libres, sobre todo con mucha antelación y con toda certeza. Sólo Dios puede tener esta ciencia. Por eso, cuando se constata el cumplimiento de una profecía, en esas condiciones expuestas, es una clara garantía de Dios. 
En cuanto a determinar el hecho del cumplimiento de la profecía y el que se haya profetizado en las debidas condiciones, es algo que se puede constatar, ambos son hechos históricos sujetos a la observación y a la constatación. 

E. TRASMISIÓN DE LA DIVINA REVELACIÓN 
“Dios habló a nuestros padres en distintas ocasiones y de muchas maneras por los profetas. En la Plenitud de los Tiempos nos habló por medio de su Hijo” (Heb 1,1-2) 
Dios quiso que todo lo que se había revelado para la Salvación de todos los pueblos se conservara íntegro y fuera trasmitido a todas las edades. ¿Cómo llega nosotros esta Revelación? ¿Cómo habla ahora Dios con nosotros? Jesucristo, Plenitud de la Revelación, mandó a los Apóstoles predicar a todo el mundo el Evangelio como fuente de toda la verdad salvadora y de toda norma de conducta. 
Cristo dio a los Apóstoles el encargo y la Misión Divina de llevar a todo el mundo la doctrina revelada. Los Apóstoles cumplieron fielmente este mandato con su predicación, con su ejemplo y sus instituciones. Trasmitiendo de palabra lo que habían aprendido de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó. Y poniendo por escrito –los mismos Apóstoles y otros de su generación- el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo. 
Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los Obispos “dejándolos a su cargo en el Magisterio”. Los Obispos con el Papa a la cabeza son los sucesores de los Apóstoles que nos presentan y garantizan la doctrina revelada. Esta Tradición Divina y la Sagrada Escritura, que vienen de los Apóstoles y se conservan fielmente en la Iglesia, gracias al Magisterio infalible ya la asistencia divina prometida por Cristo, son el espejo en que contemplamos a Dios hasta el día en que lleguemos al cielo para verlo cara a cara. 

F. LA SAGRADA TRADICIÓN 
Los Apóstoles trasmitieron de palabra y por escrito la Revelación Divina. Todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios. Los Apóstoles al trasmitir lo que recibieron, avisan a los fieles que conserven las tradiciones aprendidas de palabra o por carta y que luchen por la fe ya recibida. 
La Iglesia con su enseñanza, con su vida, su culto, conserva y trasmite a todas las edades lo que es y lo que cree. Por esta Divina Tradición conocemos cuáles son los libros sagrados y los comprendemos cada vez mejor. 

a) DEFINICIÓN 
Etimológicamente proviene del latín “tradere”, entregar. Teológicamente Tradición es “el conjunto de verdades que los Apóstoles recibieron por la predicación de Cristo o por inspiración del Espíritu Santo, y que fueron trasmitidas de viva voz por la Iglesia a través de los siglos, sin estar escritas en la Biblia”. 

G. LA SAGRADA ESCRITURA 

a) DEFINICIÓN 
Es la Palabra de Dios en cuanto escrita por el inspiración del Espíritu Santo. Contiene las revelaciones de Dios en el Antiguo y Nuevo Testamento. Debemos leer las Sagradas Escrituras siguiendo las orientaciones de la Santa Iglesia. La Palabra de Dios se contiene en la Sagrada Escritura y en la Tradición. 

H. LA TRADICIÓN Y LA BIBLIA SON FUENTES DE LA FE 
Tantos los católicos como los protestantes proclaman que creen en todas las verdades que Dios ha revelado y enseña a los hombres. Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre la fe de los católicos y la de los protestantes, que se explica cuando preguntamos: ¿De dónde conocen y sacan los católicos y protestantes su doctrina religiosa? ¿De dónde les vienen aquellas creencias que llaman verdades reveladas? ¿Cuál es la fuente de donde dimana su fe? 
Dicen los católicos: hay dos fuentes de fe, por las cuales Dios hace llegara nosotros las verdades por Él reveladas. Esas fuentes son la Biblia y la Tradición. Ellas contienen la Palabra de Dios. Hay que creer por eso a estas dos fuentes de fe. 
Dicen los protestantes: No hay sino una fuente de la fe, la Biblia. En ella están todas las verdades reveladas por Dios. Sólo por la Biblia llegan a nosotros. Ella es la Palabra de Dios. La Tradición no es más que palabra de hombres. Frente a esto la Biblia dice: 

a.- Existen verdades no escritas en la Biblia, pero predicadas por los Apóstoles, que Jesucristo mandó predicar a su Iglesia hasta el fin del mundo. Por ejemplo san Juan termina su relato evangélico con las palabras: “Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se contaran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran” (Jn 21,25). 
Jesucristo les dio a sus Apóstoles en momento solemne y con solemnes palabras el encargo siguiente: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes… enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28,19-20). Y añade, según san Marcos: “El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc 16,16). 
Insiste Jesús en que se predique “todo” lo que Él mismo mandó y enseñó en medio de sus Apóstoles, toda la verdad, sin mutilaciones. Esto se afirma todavía más por las palabras de Jesús: “Os he digo estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14,25-26). Toda su doctrina, tanto la predicada por Él, como la inspirada por su Espíritu a los Apóstoles, toda ella debe ser predicada, y esto con su asistencia hasta el fin del mundo: “Sabed que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). 
Este encargo debe cumplirse y claro está que se cumplió y cumplirá por siempre. De eso responde Jesucristo mismo que empeñó su divina palabra de que asistirá siempre a su Iglesia Docente. Luego es necesaria una transmisión de estas verdades de siglo en siglo, de generación en generación, por medio de la predicación. Y eso es la Tradición, pero no cualquier tradición, sino la Tradición divino-apostólica. 
Como se ve, la Biblia dice lo mismo que enseña la Iglesia, lo mismo que decimos los católicos. 

b.- La Biblia muestra de que de hecho aquellas, verdades fueron transmitidas de siglo en siglo a viva voz; y deben serlo hasta la consumación de los siglos. Desde la cárcel de Roma le escribe san Pablo su carta de despedida a Timoteo, obispo de Éfeso, su discípulo a quien llama hermano e hijo. Su carta es como un testamento, porque sabe próxima su muerte. 
Por eso le habla con insistencia de los asuntos más importantes. Por ello le escribe: “Cuanto oíste (aprendiste) de mí, confirmado por numerosos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza, capaces de instruir después a otros…” (2Tim 2,2). Las cosas que ha oído el discípulo de su maestro, son las mismas cosas de que habla san Juan al fin de su Evangelio: la doctrina y la obra de Jesucristo o las verdades reveladas, todo aquello que Pablo había predicado. “Transmítelo” dice, a hombres fieles. Para transmitir usa el texto griego (¡el original!) la palabra “parathíthesthai”, que significa literalmente “pasar a manos de otro”, “depositar en manos de otro”. San Pablo emplea esta palabra por haber hablado en las líneas anteriores del “depósito” de la fe, de la “paratheke” de la fe. Trata, pues, del conjunto de la doctrina, del “depósito” de la doctrina, que Dios depositó en manos de sus Apóstoles, y que se le ha confiado a la Iglesia. 
De esa paratheke o depósito o conjunto de verdades de la fe, san Pablo le hace a su discípulo un explícito encargo: él debe confiarlo a otros hombres que sean “fieles”, Si son fieles van a guardarlo fielmente. Ellos a su vez deben confiarles las verdades a otros. De modo que deben transmitirse estas verdades reveladas de generación en generación a la posteridad. 
San Pablo recibió estas verdades del mismo Jesucristo, como enfáticamente se lo escribe a los gálatas: “Yo no lo recibí, ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gal 1,12). Él le transmite estas verdades a Timoteo, y quiere que Timoteo transmita las mismas verdades fielmente guardadas (2 Tim 1,14) a otros hombres fieles para guardarlas, y aptos para que por su parte las transmitan a la siguiente generación. 
Así funciona la Tradición: Jesucristo enseñó su doctrina a un apóstol (Pablo) (Gal 1,12). Pablo la entregó a Timoteo (2 Tim 2,2); Timoteo debe confiarla a “hombres fieles” (hombres que merezcan confianza), que a su vez le enseñen a otros. 
De modo que la verdad se transmitió de Cristo a Pablo, de Pablo a Timoteo, de Timoteo a sus discípulos, y de ellos a otros hombres para continuar transmitiéndose a otros hombre y así continuar… bajo la asistencia continua del Espíritu Santo. He aquí una ilustración muy concreta de cómo obra y funciona la Tradición a través de cinco generaciones para seguir funcionando a través de las generaciones por venir. 
De este modo es como actúa la Tradición. Desde el principio mismo de la Iglesia las verdades no escritas fueron transmitidas de generación en generación por medio de la predicación. Hombres fieles para guardar el Depósito de la Fe, y personas aptas para transmitir estas sagradas verdades en ininterrumpida corriente de predicación, jamás le han faltado a la Iglesia de Dios. De ello responde el espíritu de Jesucristo que vive, enseña, y guía constantemente en la Iglesia conforme Jesús lo prometió (Mt 28,20). 
La verdad es a todas luces clara: La Biblia atestigua que no sólo hay las mismas verdades reveladas y no escritas, sino también su transmisión a través de los siglos. Estas verdades y su transmisión es lo que se llama Tradición. 

c.- La Biblia misma nos dice que existe no una sino dos Fuentes de la Fe: La Palabra Escrita y la Palabra No Escrita, es decir, la Biblia y la Tradición divino- apostólica. 
San Pablo escribe en su segunda carta a los Tesalonicenses; “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta” (2 Tes 2,15). 

I. EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA 

a) DEFINICIÓN 
Se entiende por Magisterio la misión que Cristo ha confiado a los apóstoles y a sus sucesores para que con la autoridad del mismo y en su nombre conserven y propaguen la verdad revelada. 
Está formado por los sucesores de los Apóstoles, los cuales tienen la misión de conservar, exponer y difundir la Palabra de Dios, contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que constituyen el Depósito Sagrado de la Palabra de Dios. 

b) OBJETO DEL MAGISTERIO 
El Magisterio no puede sobrepasar los límites de la verdad revelada. Por tanto, el objeto primario del Magisterio es todo lo contenido en el Depósito de la Revelación, o seas las verdades de fe y costumbres. 

c) RELACIONES ENTRE EL MAGISTERIO, SAGRADA ESCRITURA Y LA TRADICIÓN 
El Magisterio público y oficial de la Iglesia nos garantiza, nos propone y nos interpreta lo contenido en el Depósito Sagrado. De tal manera se relacionan entre sí la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio que cada uno por separado es insuficiente. 
Frente a la doctrina luterana de que la Revelación se contiene solamente en la Escritura -“Scriptura sola”-, y que su interpretación depende exclusivamente de cada individuo – “libre examen”- la Iglesia católica mantiene la siguiente doctrina: El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, escrita o trasmitida oralmente, ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Cristo. Por tanto, se afirma que la Revelación se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición, y su interpretación corresponde al Magisterio y no a las personas particulares. 
La Iglesia ha creído siempre que su Magisterio no es superior a la Palabra de Dios, sino que la sirve. Y la sirve enseñando sólo lo que le ha sido confiado. Por consiguiente, la Iglesia cree, que, por mandato divino, oye con piedad la Palabra divina, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad. 




CAPITULO II: NECESIDAD MORAL DE LA REVELACIÓN SOBRENATURAL PARA CONOCER A DIOS

A. PROBLEMÁTICA TRASCENDENTAL
El hombre cuando va madurando intelectualmente, se le presenta una serie de interrogantes difíciles de responder: ¿Qué es el hombre?, ¿Cuál es su origen?, ¿Cuál es su fin?... Todos estos problemas que son los más profundos con los que se tropieza el hombre se podrían reducir a un solo problema: el de Dios. ¿Existe un Ser Supremo, inteligente, eterno, infinito al que nadie le ha hecho, que es el origen y el fin de todo? O ¿deriva el universo de una materia eterna, sujeta a una ley (el hado, la suerte) que hace surgir al hombre y a las cosas de esa materia, para volverlas a ella y dispersarlas en un flujo irresistible?
Este es el gran problema que se nos presenta a todos y del cual es inútil huir, porque vuelve a salir a nuestro encuentro en cualquier revuelta del camino de la vida. Ni puede ser de otro modo. El hombre racional reflexiona, piensa por necesidad, no tiene más remedio. Ante un acontecimiento cualquiera se pregunta las causas y las consecuencias. Ante las cosas contingentes, fugaces, transitorias, busca lo seguro, lo imperecedero.
Porque es racional comprende que su vida tiene que tener un sentido, un fin, una razón de ser que tiene que averiguar para no errar en su camino.

B. INSUFICIENCIA DE LA RAZÓN PARA RESOLVERLA EN LA PRÁCTICA
Para dar respuesta a esta problemática humana trascendental, al hombre, se le presenta dos caminos: Por sí mismo o por autoridad. Estos son los dos procedimientos ordinarios del conocimiento humano. A su propia experiencia el hombre añade la de los demás.

a) POR SÍ MISMO
Por desgracia, la mayor parte de los hombres no son capaces en la práctica de resolverlo por sí mismos, con certeza. En realidad nunca nos encontramos del todo solos en la vida, nacemos en un ambiente, en una sociedad, en una cultura a la que se va abriendo progresivamente nuestra inteligencia y que nos puede ayudar o también estorbar en nuestra búsqueda.
No cabe duda que el ambiente religioso de nuestra familia y de nuestra sociedad nos puede ayudar mucho a encontrar la solución definitiva a este problema. Pero también la indiferencia, el materialismo y hasta el ateísmo de no pocos, los prejuicios religiosos, los malos ejemplos de los más religiosos… nos crean dificultades en este camino.
Para resolver el problema por sí solo, haría falta una reflexión prolongada, una inteligencia despierta, una labor crítica, para la que la mayor parte no está preparada:

1. Los campesinos y obreros manuales: que no requieren de muchos discursos en sus oficios, no desarrollan suficientemente su inteligencia, especialmente en el orden abstracto. Por otra parte, la urgencia de las necesidades vitales no les deja el tiempo ni humor para poder filosofar mucho.
2. Los hombres de carreras liberales: médicos, ingenieros, administrativos, profesores… no se hallan en mejores condiciones. Se tienen que especializar en su trabajo, dedicar a sus negocios y no les queda mucho tiempo para concentrarse en este arduo y profundo problema. Es notorio, como muchos sabios en una rama de la ciencia, no son capaces de formarse un juicio propio en otras muchas áreas de la vida y de la ciencia.

El que sean verdades que implican cambios de conducta aumentan las dificultades en este orden práctico. Llegar a la conclusión de que existe Dios, la vida eterna… plantea un cambio total en la orientación de la conducta humana.
Una investigación que se ha hecho ya clásica, ha puesto en evidencia la conexión entre el factor moral y la búsqueda de la verdad: “las cosas divinas y morales escapan a los que no las viven y no las quieren vivir”. Este es el axioma y bien concluyente por cierto.
Si ya con las otras dificultades, la gran mayoría era incapaz de resolver por sí mismo, en la práctica, el problema de Dios; con esta, del orden moral, se aumenta más ese elevado porcentaje de los que no son capaces de hacerlo, es decir, de resolver por sí mismos este problema religioso y trascendental.

b) POR AUTORIDAD
1.- Los filósofos: Los mismos filósofos, por la razón, ni llegan mucho más allá. Si el hombre por sí mismo, en general es incapaz de hecho de hallar las respuestas a estas interrogantes ¿a quién se acudirá en busca de la solución? Lo lógico sería pensar en los filósofos, que son los que se ocupan de estas cosas trascendentales y acogerse tranquilamente a su autoridad en esta materia.
Pero estos mismos filósofos, aunque en su mayoría están de acuerdo en la existencia de Dios, han caído en graves errores sobre su naturaleza, hasta el punto de que Cicerón dijera que esta era una cuestión dificilísima y oscurísima. Parecida confusión reinaba entre los filósofos antiguos sobre la naturaleza del alma humana y su temporalidad o eternidad.
Ni son menos desconcertantes las conclusiones a las que llegan en sus principios éticos. Para Sócrates, el bien era lo útil. Platón aprobó el que las esposas fueran comunes, la licitud de la esclavitud, el abandono de los niños… Aristóteles aprobó el odio como una virtud. Epictecto y Marco Aurelio que dejaron páginas excelentes de preceptos y consejos morales, juzgaban lícito el suicidio… Con razón observaba Cicerón: “No sé si habrá un dicho tan absurdo, que no lo haya expresado ya un filósofo”.
Las cosas no han cambiado mucho entre los filósofos posteriores. A partir de Descartes, sobre todo, se ha dado la rápida sucesión de los diversos sistemas filosóficos, lo que demuestra su inconsistencia. El existencialismo moderno proclama más bien el fallo de la filosofía. El filósofo de hoy halla angustia y ansiedad. Para Ugo Spirito toda la especulación moderna se reduce a esta afirmación: “No sé”.

2.- Dios: Muy de acuerdo con las dificultades que acabamos de exponer, el Concilio Vaticano II enseña: “Todos hombre resulta para sí mismo un problema no resuelto, percibido con cierta oscuridad, nadie en ciertos momentos de la vida, puede huir del todo al interrogante antes referido” (GS 21), pero añade a continuación: “A este problema sólo Dios da una respuesta plena y totalmente cierta…” con lo que ya está aludiendo a la necesidad de una revelación de orden sobrenatural.
O sea que la revelación no es absolutamente necesaria al hombre para conocer a Dios, porque el hombre puede conocerlo por sí mismo, sino que esta revelación se hace absolutamente necesaria al hombre cuando Dios le eleva al orden sobrenatural, situándole en un orden que supera la naturaleza.
La Revelación Sobrenatural, dada la presente condición del hombre, es moralmente necesaria para que las verdades religiosas de orden natural puedan ser conocidas por todos los hombres con facilidad, con firmeza y sin mezcla de graves errores.
El evidente que los racionalistas, al sobrevalorar la razón y al negar apriorísticamente el orden sobrenatural, niegan que sea necesaria la revelación. Para ellos, el hombre puede conocer por sí mismo todo lo que es propio de su naturaleza y de su fin y, por tanto, el mensaje revelado que supera su capacidad natural es perfectamente inútil cuando no nocivo, porque le condiciona externamente e impide su perfecta realización humana.
Por el contrario, los deístas y tradicionalistas niegan que el hombre en su estado actual, pueda conocer las verdades religiosas naturales, incluso la existencia de Dios. Por tanto, el conocimiento de dichas verdades, cuando se da, proviene única y exclusivamente de una revelación divina.
La expresión necesidad moral indica que la Revelación de las verdades naturales no es de necesidad absoluta, pues no se excluye que algunos hombres lleguen por si solos al conocimiento de las verdades religiosas naturales. Pero, la Revelación continúa siendo necesaria moralmente para una gran parte de los hombres que, por carecer de talento, tiempo, formación o por hallarse dominados por los intereses temporales u otros motivos, como influencias culturales, no llegarían por sí mismos al conocimiento de las verdades religiosas naturales.
La Revelación Sobrenatural es absolutamente necesaria para conocer las verdades de orden sobrenatural. Si creemos que lo sobrenatural es lo que excede, por definición, las fuerzas y exigencias de la naturaleza, esta proposición es evidente por sí misma. Y, además, es universal, porque todos los hombres necesitan de la Revelación Sobrenatural para conocer dichas verdades.

C. EXISTENCIA DE LA REVELACIÓN SOBRENATURAL
Lo que interesa es probar el hecho histórico que ha existido una Revelación Sobrenatural. Hemos de responder a las preguntas: Si Dios ha hablado a los hombres, ¿cómo podemos conocer que existe una Revelación Sobrenatural?, ¿Qué criterios utilizaremos para distinguirla de otras pretendidas revelaciones?, la Revelación, ¿dónde se encuentra?
La demostración de la existencia real de la Revelación Sobrenatural, como es patente, presenta sus dificultades. Si todos los hombres creyeran en Dios no existiría ninguna dificultad en admitir y convencerse de que Dios puede manifestarse a los hombres y, de ahí, sería relativamente fácil concluir y aceptar que se ha manifestado de hecho, pues hay religiones que se proclaman reveladas.
Desde el punto de vista de la fe, la cuestión, por tanto, no presenta ninguna dificultad. La Iglesia enseña la verdad de la Revelación Sobrenatural como una verdad de fe, y afirma que está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición.
La cuestión se presenta con toda su seriedad y dificultad para aquellos que no admiten la autoridad divina de la Escritura y de la Tradición ni el Magisterio de la Iglesia y desean conocer si se puede probar históricamente o científicamente la existencia de una religión revelada y obligatoria para todos los hombres. Para la solución del problema es indispensable plantearlo en su verdadera dimensión. Se trata de que la Revelación Sobrenatural es un hecho sobrenatural y, al mismo tiempo, histórico. Y, así, en su doble vertiente debe ser estudiado. Sería ilógico someterlo sólo a las leyes históricas o sólo a las premisas de la fe.
La demostración del hecho de la revelación se refiere a la revelación pública e histórica. Para el cristianismo esta revelación se funda y centra en la persona y obra de Jesucristo. Por consiguiente, la demostración del hecho de la Revelación Sobrenatural para los cristianos coincide con la del origen sobrenatural del cristianismo, que está, según la fe cristiana, en perfecta continuidad con la Revelación hecha a los israelitas en el Antiguo Testamento. Por tanto, la pregunta que cabe hacerse es la siguiente: la afirmación de que Dios se ha revelado por Jesucristo y que continúa manifestándose, de modo diverso en la Iglesia, ¿es un hecho real o es la creación de la fe de algunos hombres ilusos?

D. EL PLAN DE DIOS
Al crear, Dios ha tenido un plan, el hombre no lo tiene en cuenta, de donde se deriva un drama. 
Cuando quiero habitar una casa he de adaptarme al plan del arquitecto, si no, se producirán sorpresas desagradables. Si me obstino, por ejemplo, en utilizar una ventana del segundo piso como puerta de salida, ¡no debo asombrarme de las consecuencias de mi obstinación! Lo mismo puede decirse del mundo en que vivo: todas las contrariedades provienen de que no se observa o no ha sido observado el plan de Dios.
Por consiguiente, lo que importa conocer es el plan de Dios quiere realizar llamándonos a la vida. Este plan regula toda la actividad de Dios con respecto a nosotros; debe regular también la nuestra.

a) ¿CUÁL ES EL PLAN DE DIOS?
El catolicismo responde lo siguiente. Desde la eternidad:

1. Dios que es amor, quiere sin beneficio personal alguno y sin ser forzado a ello, trae a nuevos seres a la existencia y hacerles eternamente dichosos, como lo es Él mismo. A tal efecto, los crea a imagen y semejanza suya, inteligentes y libres, y para que merezcan su felicidad eterna, los somete previamente a una prueba pasajera, durante una vida terrena.
2. Dios quiere, además, invitar a sus criaturas a gozar, incluso durante su período de prueba, de una gran intimidad con Él, dándoles la posibilidad de participar en su vida divina.
3. Dios prevé que estas criaturas a quienes colma de beneficios, rehusarán responder a su invitación.
4. Dios, en lugar de desinteresarse de una obra que la libertad humana hará fracasar en parte, lleva su amor hasta decidir reparar por sí mismo los desvíos de los hombres, haciéndose Aquel a quien llamamos Jesucristo, Dios y hombre a la vez, y que restablecerá, mediante el sacrificio de su vida, una nueva Alianza entre el Creador y sus criaturas.
5. Dios quiere que los hombres que acepten su plan, se unan entre si, de una manera invisible, por Cristo, con Cristo, en Cristo, y de una manera visible, en una institución, en una “Iglesia” visible instituida por Cristo, a fin de que juntos, colaboren con Dios en la felicidad terrena y eterna de la gran familia humana.

Lo que Dios ha concebido o visto desde la eternidad, se ha desarrollado o se desarrolla aún en el tiempo; nosotros somos los actores de ese quinto acto. Tal es, en cinco puntos, el resumen de la doctrina católica. Esto nos permite dar una vista panorámica de la historia de la humanidad, tal como aparece ante Dios.
Evidentemente, Dios, que es inmutable y eterno, no ve, como nosotros una sucesión de acontecimientos. Esta historia de la humanidad aparece ante Él como una y simple; tiene un centro hacia el cual todo converge, o mejor aún, un foco de irradiación que ilumina y explica todo lo demás.
Y lo que Dios ve, desde la eternidad, en el primer plano de su obra, lo que constituye el centro de su obra, lo que constituye el objeto de la voluntad única de Dios, no es el mundo inicial, que no fue sino un bosquejo: no es el mundo sobrenaturalizado en los primeros hombres, ideal realizado momentáneamente, pero que la libertad humana, Dios lo sabía, pronto convertiría en caduco; no es el mundo pecador que, considerado aisladamente, sería un fracaso; sino el mundo rescatado y unificado en Cristo, porque es el mundo en que Dios hace triunfar finalmente su amor y realiza su plan.
En el centro del mundo, dominándolo todo, iluminándolo todo, no hay pues, para Dios, más que Cristo, rescatando y unificando el mundo con su cruz, alzado sobre la tierra como conviene a un Rey, extendiendo sus brazos para abarcar el mundo entero y llevarle a Dios. Lo demás, ya se trate de la creación o del pecado, ya de cada uno de nosotros, Dios no lo ve sino por Cristo y en Cristo.
Tal es la asombrosa revelación que el catolicismo propaga: Dios ha creado el mundo para que seres dotados de razón lleguen a ser, libremente, por toda la eternidad, hijos adoptivos suyos con Cristo, en Cristo y por Cristo, venido a la tierra para redimir sus culpas.

CAPÍTULO I: LA REVELACIÓN SOBRENATURAL

A.    CONCEPTO
Etimológicamente, revelación significa manifestar algo oculto. Proviene del verbo latino “re-velare”, quitar el velo que oculta algo, descubrir. Es la manifestación de algo que está oculto. Así hablamos vulgarmente de revelar un secreto, un pensamiento.
Revelación en sentido estricto, es la manifestación de alguna verdad hecha por Dios al hombre, descubriéndole su propio Ser o su Nombre y sus designios de salvación. En el lenguaje teológico es toda Palabra de Dios al hombre (Hebreos 1,1). La manifestación de Dios al hombre de sus designios e intenciones, primeramente de un modo un tanto oscuro en el Antiguo Testamento y después más claro en el Nuevo Testamento.

B.     CLASES DE REVELACIÓN
La revelación puede ser: natural, pública, privada, inmediata, mediata y sobrenatural.

a) NATURAL
Manifestación de Dios por la obra de la creación. A través de las criaturas se llega a un conocimiento real y verdadero de Dios, aunque no exhaustivo ni   perfecto.
Todo el cosmos está lleno de maravillas grandes y pequeñas. No sabemos que admirar más, si el inmenso tamaño y las velocidades y la exactitud de los movimientos de los astros en el firmamento, o la maravillosa constitución del átomo.
¿Sabías que el número total de estrellas del universo es de unos 200.000 trillones? ¿Y que la bola gigantesca de la tierra se desplaza a una velocidad de 100.00 km por hora, es decir, a unos 30 km por segundo? ¿Sabías que un eclipse de Sol o de Luna se puede calcular con años de anticipación, incluso el día y la hora exacta en que sucederá? Nosotros con nuestra inteligencia, podemos descubrir que alguien inteligente ha puesto orden y perfección en las cosas creadas. El universo no es Dios, pero nos habla de Dios y de su poder y sabiduría infinitos. Basta con mirar el mundo que nos rodea para entender que no puede haberse causado a sí mismo, todo en el universo revela la mano creadora de Dios.
El hombre tiene también la capacidad de descubrir a Dios dentro de su corazón, porque ha sido hecho a imagen de Dios, En el fondo de nosotros mismos está la voz de la conciencia por la que somos capaces de distinguir el bien del mal, un orden moral que no hemos inventado nosotros, sino que viene de un ser Superior, es decir, de Dios. Sin embargo, para encontrar a Dios se precisa buena voluntad por parte del hombre. La buena voluntad supone la actitud de búsqueda sincera de la verdad, estando dispuestos a reconocer que existe ese Ser Superior al que llamamos Dios. Los ateos son aquellas personas que niegan la existencia de   Dios. Pero nadie ha podido demostrar que Dios no existe, porque es imposible.

b) PÚBLICA
Cuando la revelación se dirige a todos en general.

c) PRIVADA
Cuando se refiere a una persona en concreto o sólo es para un grupo de personas concretas.

d) INMEDIATA
Cuando Dios habló a Abraham o Moisés.

e) MEDIATA
Cuando Dios se manifiesta por medio de otro.

f) SOBRENATURAL
Existe otro modo de conocer a Dios que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas: es la revelación divina. Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da a conocer a los hombres. Esta Revelación comenzó hace miles de años y culminó con la venida al mundo de Jesucristo, el Hijo amado de Dios Padre. Por ello, se define a la Revelación Sobrenatural como la manifestación que libremente hace Dios de sí mismo a la criatura racional y para su salvación.
Cuando hablamos simplemente de Revelación nos estamos refiriendo a la revelación sobrenatural pública y más concretamente a la Biblia, que recoge todo este diálogo de Dios con el hombre.
Lo que Dios revela es siempre a sí mismo, aunque se manifieste en un símbolo o en un acontecimiento. Y manifestándose a sí mismo, Dios revela su plan sobre el hombre y su historia, que consiste fundamentalmente en la llamada del hombre a formar parte, por medio de Cristo en el Espíritu Santo de la familia del Padre. Como dice el Concilio Vaticano II, en la Dei Verbum: “Quiso Dios con su bondad y sabiduría (Efesios 1,9), por Cristo la Palabra hecha carne y con el Espíritu Santo, puedan los hombres llegar hasta el Padre y participar de su naturaleza divina” (DV N° 2)

C.    ¿QUÉ SENTIDO TIENE NUESTRA EXISTENCIA?
La admiración del mundo –su grandeza, orden, belleza…- condujo a la razón humana a afirmar la existencia de Dios. Pero el hombre puede llegar a Dios al preguntarse por el sentido de su propia existencia. En efecto, más que los porqués del cosmos, lo que más seriamente inquieta al hombre es su propia existencia: ¿Cuál es su origen? ¿Por qué es inteligente y libre? ¿Cuál es el sentido del dolor y de la muerte? ¿Qué sentido tienen el bien y el mal en la tierra? ¿Por qué el hombre es capaz de amar y de odiar, de enternecerse y de mostrar una gran crueldad? ¿Cómo explicar su deseo de felicidad y de inmortalidad? ¿Qué destino final le espera? ¿Qué hay después de esta vida?...
La respuesta a estos interrogantes y a otros muchos no la encuentra el hombre en la naturaleza física. Por ello se vuelve sobre sí mismo y en él encuentra un mundo nuevo: experimenta el bien y el mal, la verdad y el error, la necesidad de un premio a la virtud y de un castigo a la maldad. Esa experiencia profunda interior le obliga a superar el ámbito de los sentidos y le invita a remontarse al mundo de lo espiritual, en el que descubre la belleza, la vida moral, la conciencia y la experiencia profunda de una relación con un Ser Superior.

D.    LA DIVERSIDAD DE RELIGIONES
Hay un hecho constante a lo largo de la historia de la humanidad: en todos los pueblos, razas y culturas, los seres humanos han reconocido y reconocen la existencia de un ser Supremo, al que llaman Dios. La existencia de muchas y diversas Religiones es una muestra palpable de la creencia universal de la humanidad en Dios.

a) RELIGIONES ANIMISTAS
Propias de muchos pueblos primitivos que aún no han alcanzado una cultura desarrollada. Creen en la presencia de los espíritus en las fuerzas de la naturaleza, a las que dan culto, y adoran estatuas u objetos fabricados por ellos mismos. Es muy frecuente en ellas el culto a los antepasados. Estas religiones se practican en extensas zonas de África y en algunas regiones de Asia.

b) RELIGIONES UNIVERSALES
Que practican pueblos antiguos y de vieja cultura como son las de Asia, África, Europa y América. Veamos brevemente cuáles son las principales religiones que hay en el mundo actual:

1. Grandes Religiones no cristianas (Budismo, Hinduismo, Confucionismo y Musulmana). Poseen una doctrina, unos principios morales y unas normas de culto. Los hombres y mujeres que las practican sinceramente buscan agradar a Dios y adorarlo.
2. La religión judía: es la religión revelada por Dios al pueblo de Israel desde muchos años antes de la venida de Jesucristo al mundo.
3. La religión católica: es la religión revelada por Dios a los hombres, especialmente por medio de Jesucristo. En ella se encuentra la plenitud de la revelación de Dios a los hombres.
4. Iglesias no católicas (luterana, anglicana, ortodoxa). Son Iglesias que por diversos motivos históricos y doctrinales, se separaron de la Iglesia católica. En estas iglesias hay muchos elementos positivos, pero no poseen la totalidad de la verdad: por ejemplo, no reconocen al Papa como representante de Jesucristo en la tierra.

E.     LAS GRANDES RELIGIONES NO CRISTIANAS
Nos referimos a las religiones hindú, budista e islámica. Estas religiones tienen tres notas en común: reconocen a un solo Dios –son monoteístas-, se conoce quien fue su fundador y tienen un libro religioso fundamental. Estas son las características principales de cada una de ellas:

a) EL HINDUISMO
Religión antiquísima muy extendida en la India. Tiene unos 650 millones de seguidores. Los Vedas es su libro religioso. Según el hinduismo, quien no ha conseguido una plena purificación en esta vida tiene que reencarnarse, una o más veces, hasta conseguir la total purificación y la identificación total con el Brahma. La eternidad es una disolución de la personalidad que se fusiona y desaparece en el “Todo divino”.

1. Doctrina:
  • Creencia en Brahmán o Absoluto, por ese les llama también Brahmanismo.
  • Cada persona pasa por sucesivas reencarnaciones después de la muerte hasta unirse con Brahmán, gracias a la meditación y al esfuerzo moral.
2. Moral
  • Obligación moral de buscar a Dios mediante el estudio, la meditación, etc.
  • Tratar con amor y respeto a todos los hombres y seres vivientes.
  • Aceptar la división de las personas en diversas castas, según el nivel social.
  • Manifestar cierta indiferencia ante las cosas de este mundo.
Una figura sobresaliente del Hinduismo ha sido Mahatma Ghandi. Fue líder de la lucha pacífica por la libertad de la India, hasta conseguir la  independencia de esta antigua colonia británica en el año 1947.

b) EL BUDISMO
Religión muy extendida en Oriente. La practican unos 300 millones de seguidores. Su libro sagrado es El Vinaya. Enseña que hay que eliminar toda clase de deseos para llegar al Nirvana. Su fundador fue Sidshartha Gautama, llamado también Buda, que significa “iluminado”.

1. Doctrina
  • En el mundo todo es dolor y sufrimiento. La causa del dolor son los deseos y las pasiones que dominan al hombre. Para superarlo es preciso eliminar los deseos.
  • Eliminando la sed de deseos se alcanza la paz. Ese estado de indiferencia ante el dolor se llama nirvana.
  • Creen también en las sucesivas reencarnaciones después de la muerte. Mediante ellas las almas alcanzan la purificación que no han logrado durante su vida.
2. Moral
  • Esfuerzo personal para acabar con los deseos y las pasiones. El método es el yoga, mediante el cual se alcanza un autocontrol mental y, con él, la paz.
  • Se deben observar cinco preceptos: no matar, no robar, castidad, veracidad y abstenerse de tomar drogas.
  • Llevar una vida de renuncias, pero sin excesos, como un término medio entre las privaciones y la vida cómoda.

c) EL ISLAMISMO O MAHOMETISMO

Es una religión fundada por Mahoma en el 610 d.C. La practican unos 600 millones de fieles. Su libro sagrado es El Corán.

1. Doctrina
  • Monoteísmo absoluto. Existe un solo Dios, Alah. Mahoma es su único gran profeta.
  • A Mahoma le han precedido otros profetas menores tales como Abraham, Moisés y Jesucristo.
  • El alma es inmortal y será juzgada por Dios con premio o castigo.
  • El paraíso es a modo de un jardín frondoso y a él irán los justos. Los hipócritas y pecadores irán al infierno.
2. Moral
  • Hay que adorar a un único Dios (Alah)
  • Hacer la oración mirando a la Meca, cinco veces al día, recitando textos del Corán.
  • Peregrinar a la Meca una vez en la vida. Esta obligación se puede delegar si hay causa justa.
  • Ayunar en el mes de Ramadán. Sólo se puede comer durante la noche.
Uno de los puntos oscuros de la religión musulmana es el concerniente a la “guerra santa” como medio para defender o extender la religión islámica. Quienes mueren en ella van al paraíso.

d) CONFUCIONISMO
Kun Fu-tse, conocido como Confucio fue un excelente pedagogo y gran gobernante, Se esforzó por inculcar en el pueblo chino el retorno a su vieja y rica cultura. Esto incluía la práctica de las antiguas creencias religiosas de aquel pueblo.
Propiamente hablando Confucio no fue fundador de una nueva religión, sino sólo el restaurador de las antiguas creencias religiosas que se encontraban en decadencia.
Más tarde, en torno al siglo IV a C. las enseñanzas de Confucio se enriquecieron con las aportaciones de Lao Tan; a él se atribuye el “Libro de las cinco mil palabras”, en el que se profesa un teísmo monista y creador. De ese Dios proceden todas las cosas. Aportaciones posteriores dan al confucionismo un sentido más religioso de la existencia humana.

F. ¿POR QUÉ HAY TANTAS RELIGIONES?
Una vez conocida la cuestión fundamental de la existencia de Dios, se le plantea al hombre el misterioso hecho de la coexistencia de tantas religiones. ¿Qué explicación tiene? La existencia de tan diversas religiones se debe a factores históricos muy distintos. Según la Biblia, después del pecado de origen el hombre se fue separando de Dios, hasta el punto de que, lentamente, los hombres “olvidaron” al verdadero Dios. 
Pasada esa primera etapa que nos relata la Biblia (Gen 6,1-12; 11,1-9), la humanidad vivió millones de años en situaciones religiosas que desconocemos. Cuando empieza a ser narrada la historia de las grandes culturas, tenemos noticia de que se dieron dos formas genéricas de religión:

a) EL MONOTEÍSMO 
Es decir la fe en la existencia de un único Dios. Según las investigaciones de importantes sabios, el hombre más primitivo fue monoteísta, pero, por causas que desconocemos, poco a poco se fue abriendo paso la adoración a una multitud de dioses. En un momento de la historia, Dios escogió a Abraham para fundar un pueblo propio y afirmar en el mundo la fe en un único Dios verdadero. Desde entonces, las principales religiones del mundo (cristianismo, judaísmo e islamismo) son religiones monoteístas.

b) EL POLITEÍSMO 
Es la adoración a varios dioses. Como ya vimos, después del pecado original, la humanidad se fue separando poco a poco de Dios, para adorar a diferentes dioses según los pueblos y las culturas. El politeísmo, en contra de lo que pudiéramos pensarse, no fue patrimonio de los pueblos menos cultos y desarrollados. Las grandes culturas del imperio griego y del imperio romano fueron politeístas. Incluso llegaron a elevar a la categoría de “dioses” a ciertos héroes y emperadores. Es el caso, por ejemplo, de Alejandro Magno en Grecia y el del emperador romano Claudio.
San Pablo condena el politeísmo de los paganos, nacido del abandono del verdadero Dios a causa de la corrupción de costumbres (Romanos 1,19-23).

G. ELEMENTOS COMUNES A TODAS LAS RELIGIONES
La Historia de las religiones muestra el origen y desarrollo de las diversas religiones que han existido. Pero, ¿hay elementos comunes en todas ellas? Su estudio nos muestra que si. Son los siguientes:

a) LA EXISTENCIA DE UN SER SUPERIOR
La religión se inicia en la creencia en un Ser Supremo, con el cual el hombre siente la necesidad de relacionarse. Ante esa “existencia suprema”, el hombre no puede mantenerse pasivo, sino que se siente impulsado a “responder” a esa especie de “llamada de Dios”.

b) LA EXISTENCIA DE LO SAGRADO
La conciencia de que existe Dios crea un ámbito sagrado, de proximidad de lo divino. Las religiones primitivas, por ejemplo, vieron la manifestación de Dios en los astros y en otras fuerzas de la naturaleza. La Biblia, en cambio, nos habla de la manifestación de Dios, como ser personal, a los grandes personajes del Antiguo Testamento.

c) UN PROGRAMA MORAL
La creencia en un Ser Supremo despierta en el hombre la necesidad de estar “bien con Dios”, por lo que procura llevar una conducta adecuada a su creencia. Así, descubre el sentido el bien y del mal moral o pecado. Por eso, las diversas religiones ofrecen unas normas morales determinadas que invitan al hombre a seguir el bien y a evitar el mal.

d) LA EXISTENCIA DE UNA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE
La existencia de Dios descubre al hombre que su vida personal es trascendente y que no puede finalizar con la muerte, sino que debe perdurar en un “más allá”. Aquí se separan las diversas creencias religiosas: el budismo, el hinduismo afirman la reencarnación; el cristianismo, en cambio, cree en la vida eterna y en la resurrección final de los cuerpos. 

e) INFLUENCIA EN LA CONVIVENCIA SOCIAL
Las diversas religiones afectan no sólo al individuo, sino a la convivencia social entre los hombres. De este modo, surgen los deberes morales en la convivencia social, se elabora el calendario que señala los días “sagrados”, se crean los ritos del culto público, etc.
Pero a pesar de estos “elementos comunes”, existen notables diferencias entre las distintas religiones, pues, mientras algunas religiones primitivas tuvieron costumbres aberrantes (por ejemplo, la práctica de sacrificios humanos), otras proponen una vida moral muy elevada.

H. ¿CUÁL ES LA POSTURA DE LA IGLESIA CATÓLICA ANTE LAS DEMÁS RELIGIONES?
En América Latina son cada vez más numerosos los inmigrantes de diferentes países. Muchos de ellos practican otras religiones, y no son pocas las ciudades donde han edificado una mezquita. Por tanto, debes tener en cuenta lo que enseña la Iglesia sobre la relación con las demás religiones, y de este modo podrás tener siempre una actitud tolerante y de profundo respeto hacia ellas y sus seguidores.
El documento titulado Nostra aetate, del Concilio Vaticano II, es el más importante sobre este tema: afirma la postura de la Iglesia ante las demás religiones, por las que siente un profundo respeto. En resumen se afirma lo siguiente:
  • La Iglesia católica respeta y estima a las religiones cristianas. 
  • Ante los cristianos separados los católicos debemos mostrar siempre respeto, estima y rezar para que todos volvamos a formar “un solo rebaño bajo un solo pastor” (Juan 10,16)
Sin embargo, no todas las religiones son igualmente verdaderas; el Concilio afirma también que ella, la Iglesia católica, “tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14,6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien “Dios reconcilió consigo todas las cosas” (2 Corintios 5,18-19) (NA Nº 2).
Hay que amar, respetar y defender la “libertad religiosa” de las personas. Sin embargo, esto no significa que todas las religiones sean igualmente verdaderas ni que dé lo mismo una que otra en orden a la salvación. Si fuera así, la Redención realizada por Jesucristo habría sido un empeño inútil.

I. ESPECIAL CONSIDERACIÓN DEL JUDAÍSMO
Una especial consideración merece la religión judía, ya que se trata del antecedente inmediato de la religión cristiana. El pueblo y la religión judía es, realmente el antecesor más próximo de la gran familia cristiana. Cabe decir aún más, el núcleo central del judaísmo constituye también un ingrediente esencial de la fe católica. En efecto, judaísmo y cristianismo tienen estos elementos en común:
  • El Dios judío, Yahvé, es el mismo Dios Creador y Padre en quien creemos los que confesamos la fe en Jesucristo.
  • La historia del pueblo de Israel se inicia con Abraham, a quien los judíos y los cristianos tenemos como nuestro “padre en la fe”.
  • A partir de Abraham, el conjunto de la historia de Israel, Isaac, Jacob, David, los Profetas, etc. constituyen también los datos y antecedentes inmediatos de la historia cristiana.
  • La parte de la Biblia que se conoce con el nombre de Antiguo Testamento, en su conjunto, es reconocida y admitida como Escritura Sagrada por los judíos y por la Iglesia católica.
Además, no cabe olvidar que la Virgen María, de la cual nació el Hijo de Dios, fue de raza judía, y que el mismo Jesús que representa el centro de la fe cristiana, también es judío. Israel es, en verdad, el pueblo escogido por Dios en el cual prendió y se injertó el cristianismo. Por todo ello, judaísmo y cristianismo, que tienen tan amplio patrimonio común, están íntimamente emparentados entre sí. De aquí la necesidad de que exista una mutua fraternidad entre ambas religiones.

J. ¿EN QUÉ SE DIFERENCIA LA RELIGIÓN CRISTIANA DE LAS OTRAS RELIGIONES?
Sería un error considerar el cristianismo como una más entre las religiones. Hay personas que piensan que es indiferente practicar una religión u otra, ya que cualquiera puede ser la verdadera o puede conducir por igual a la salvación.
Para comprender que ésta es una visión equivocada, es necesario descubrir la “originalidad” del cristianismo frente a las demás religiones. Las diferencias principales pueden concretarse en los siguientes puntos:

a) LA REVELACIÓN
En las demás religiones, son los hombres quienes buscan y tratan de encontrar a Dios. Así, Buda siente le necesidad de encontrar una respuesta a sus problemas, se retira del mundo y, al fin, encuentra a Dios. Lo mismo se repite en Mahoma. Son intentos humanos de encontrar a Dios.
En el cristianismo, en cambio, es Dios quien busca y se revela a los hombres. Es iniciativa divina. Dios se “reveló” a los hombres, sin que fuese buscado por ellos. Así, Dios se manifiesta a Abraham, Moisés, etc. con gran sorpresa para ellos. Los cristianos conocemos, por la fe, que ese Ser Supremo al que buscan todas las religiones se ha hecho hombre en la persona de Jesús de Nazaret y ha venido al mundo para revelar a los hombres el misterio de Dios.

b) EL SER DE DIOS, UNO Y TRINO
Las grandes religiones (Hinduismo, Budismo, e Islamismo) son religiones monoteístas que aceptan a un único Dios. De hecho se puede llegar a conocer la existencia de un único Dios con la sola luz de la razón. Sin embargo, el hecho de que el cristianismo conozca el ser íntimo de Dios –siendo Uno, en Él hay tres Personas- sólo es posible por la Revelación del mismo Dios: la Trinidad de personas no se puede conocer por la razón.

c) LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
Los cristianos conocemos, por la fe, que Dios, ese Ser Supremo al que buscan todas las religiones, se encarnó. Esta realidad es tan decisiva, que el punto clave de la fe cristiana es creer que Jesús de Nazaret es Dios, “igual al Padre” (Juan 5,19-27), de forma que quien ve a Jesús, “ve al Padre” (Juan 14,9), hasta el punto que Jesús dirá: “El Padre y yo somos una misma cosa” (Juan 10,30).

d) LA REDENCIÓN
El cristianismo es la única religión redentora. Es decir, es la única en la que Dios “salva” al hombre, lo redime. Las demás religiones “buscan” la salvación, la liberación del mal, del dolor, del pecado, de la muerte… La buscan con el esfuerzo, con purificaciones, con sucesivas reencarnaciones, etc. En cambio, en el cristianismo es Dios mismo quien salva al hombre mediante el sacrificio redentor de Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre. No obstante, el hombre debe colaborar con sus buenas obras para aplicar a su propia vida la salvación alcanzada por Jesucristo.
En consecuencia, el cristianismo es la única religión que profesa que Dios se ha hecho hombre para enseñar al hombre el camino de la salvación. Los otros fundadores de religiones fueron hombres que enseñaron “su camino” para la salvación.
A estas verdades tan fundamentales sería preciso añadir muchas otras realidades y enseñanzas específicas del cristianismo que lo distinguen de las demás religiones: la existencia de la Iglesia, los sacramentos, la dignidad del hombre elevado a la vida divina mediante la gracia del Bautismo, la dignidad sublime de la vida moral predicada por Jesucristo, la llamada universal a la santidad, la radical igualdad de todos los seres humanos, sin distinción de sexo, de raza, ni de castas, etc.

K. ¿PUEDE EXISTIR UNA ÚNICA RELIGIÓN VERDADERA?
Es un dato histórico evidente que existen muchas religiones. Este hecho es hoy más conocido ya que los medios de comunicación nos dan noticia de ellas, al mismo tiempo que facilitan la intercomunicación de las distintas confesiones religiosas. Muchos de nosotros hemos conocido a personas que practican otra religión.
Si todas las grandes religiones monoteístas dan culto al mismo Dios ¿Son todas igualmente verdaderas? El hecho de que las religiones monoteístas rindan culto a un único Dios no significa que todas ellas sean igualmente verdaderas. En todas ellas, sin lugar a dudas, hay elementos de verdad. Pero la religión verdadera sólo puede ser aquella que sea fruto del querer de Dios, de la libre iniciativa divina; aquella en la que Dios busca al hombre para conducirle al conocimiento de la Verdad y para darle salvación. Y la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre la salvación solamente Dios la conoce en toda su plenitud y solamente Dios puede darla a conocer sin mezcla de error.
Por ello, la verdadera religión es la que Dios mismo garantiza, es decir, aquella en la que el mismo Dios se revela y se comunica directamente a los hombres: Él mismo dice quién es, qué tipo de conducta moral debe vivir el hombre y cómo debemos darle culto. En ese sentido, solo el cristianismo es la religión verdadera, pues solo en el cristianismo Dios se ha revelado directamente a los hombres por medio de su Hijo Jesucristo, que es Dios, como el Padre y como el Espíritu Santo.
Entonces, ¿deben considerarse falsas las demás religiones? Más que “falsas” conviene decir que son “imperfectas”, por cuanto son “creaciones humanas” y participan de la imperfección y de los límites de todo lo que es humano. Esas religiones carecen de algunos elementos fundamentales, fruto de la libre iniciativa divina en orden a la salvación de los hombres. No obstante, todas esas religiones monoteístas, tal como enseña la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, están orientadas al cristianismo, puesto que, aunque “no recibieron el Evangelio, se ordenan al Pueblo de Dios de diversas maneras” y “todo lo que hay de bueno y verdadero en ellas, la Iglesia lo juzga como una preparación para el Evangelio” (LG Nº 16).

L. EL CRISTIANISMO ES LA PLENITUD DE LA REVELACIÓN
El cristianismo es un fenómeno radicalmente distinto al itinerario que marca la aparición en la historia de las otras grandes religiones, que han tenido su origen en hombres que buscaban a Dios.
En efecto, como ya se ha dicho, la religión cristiana no es producto de la búsqueda por parte del hombre, sino consecuencia de que es Dios quien busca y sale al encuentro del hombre. El Dios de la Biblia no es producto de la razón del hombre, sino que es consecuencia de la revelación de Dios, que se manifiesta personalmente y de modo directo al hombre y le habla.
Por eso se debe afirmar que el cristianismo es “una religión revelada” aunque también se puede decir que es una “revelación religiosa”. En ambos casos se debe subrayar el carácter novedoso del cristianismo, en el cual es Dios quien ha tomado la iniciativa al manifestarse a los hombres, es especial `por medio de Jesucristo.
Esa iniciativa divina queda reflejada en las primeras páginas de la Biblia en donde se narra la relación de Dios con los primeros padres: Adán, Caín, Noé, etc. Mas tarde, la llamada de Dios se concreta en la elección de Abraham y de los profetas a lo largo de la historia de Israel.
Toda la Biblia está llena de llamadas de Dios al hombre. Pues bien, si Dios busca y llama al hombre, éste tiene el deber de responder. La respuesta del hombre a la llamada de Dios, es lo que, de forma genérica, se llama fe. La fe es una virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que nos ha revelado y que la Iglesia nos enseña.
La fe brota de un diálogo entre Dios y el hombre: Dios inicia el diálogo y el hombre le responde con la ayuda de la gracia. Dios nunca impone la fe; siempre espera la respuesta libre del hombre. Por eso, la Biblia, lo mismo que la historia humana, ofrece múltiples testimonios que muestran cómo unas veces el hombre atiende a esas llamadas de Dios y otras veces las rechaza.

M. LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA REVELACIÓN SOBRENATURAL
En la revelación intervienen varios elementos que la constituyen como tal: Dios, el hombre y los contenidos intelectuales y objetivos de la revelación.

a) DIOS
Se revela libremente, porque quiere y sin ninguna clase de necesidad.

b) EL HOMBRE
Recibe la revelación. Es sujeto pasivo de la Revelación. Sólo el hombre, ser espiritual racional, es capaz de recibir la Revelación divina, porque para entender a otros, en este caso a Dios, es necesario tener una cierta semejanza con el que habla; semejanza que viene dada por la razón humana.
Pero el hombre es, además, sujeto dinámico y existencial de la revelación; porque, por ella, Dios le invita a aceptar a vivir de acuerdo con el mensaje revelado. Dios pide al hombre una actitud de fe, sin la cual la Revelación queda sin producir su efecto salvador.

c) LOS CONTENIDOS INTELECTUALES Y OBJETIVOS DE LA REVELACIÓN
Cuando Dios habla o se manifiesta siempre comunica algo, una verdad, una promesa, un mensaje. Ahora bien, los contenidos o el objeto de la verdad revelada son dobles:

1. Dios revela verdades naturales, es decir, verdades que el hombre puede conocer por sí mismo, con la luz natural de la razón y sin la ayuda de Dios. Por ejemplo: su existencia, su sabiduría, su providencia, etc.

2. Dios revela verdades sobrenaturales, que superan la comprensión humana. Verdades sobrenaturales o misterios, es decir, verdades que pertenecen al propio ser y obrar de Dios, y que, después de reveladas, no alcanzamos a comprender su razón íntima de ser. Por ejemplo: Trinidad, Encarnación, etc.

Presentación del curso de Teología Fundamental

Para el cristiano, Jesucristo debe constituirse en el centro de todo. En un mundo en que la práctica de valores se está dejando de lado, donde predomina la inversión de valores, el consumismo, la falta de respeto a la persona, entre otros males que hace de nuestros tiempos, tiempos difíciles, tenemos que volver la mirada hacia aquel que nos dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6); y también manifestó: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida” (Jn 8,12).

Varios personajes han pretendido venir de de parte de Dios. Contamos con fundadores de diversas religiones. Sin embargo, sólo Jesucristo acredita no sólo haber venido de parte de Dios, sino que confiesa que es el Hijo de Dios. Tal pretensión no lo ha tenido ningún ser humano. Y Jesucristo prueba su afirmación, con su actuar y con sus milagros. Y el mayor milagro que hizo fue su Resurrección, tal hecho no lo ha realizado hombre jamás. Sólo Jesús de Nazaret, Dios y Hombre verdadero pudo realizar tal portento.

Pongo a vuestra disposición esta separata de Teología Fundamental que pretende, en los Estudiantes, que sepan dar razones de lo que creen. Espero que les sea de utilidad para que sientan fortalecidos y animados en su fe.


Mg. JOSÉ ANDRÉS CRUZADO ALBARRÁN
Docente de la Universidad Católica de Trujillo